El estadio Arthur Ashe se tiñó de azul, rojo y blanco en honor a Alexandra Eala, convirtiendo el recinto central del Abierto de Estados Unidos en una pequeña Filipinas y confirmando el gran fervor que levanta entre la diáspora de su país, a pesar de su derrota frente a la estadounidense Iva Jovic.
El encuentro dejó una estampa poco común en este torneo, con un público filipino volcado que llenó las gradas con banderas, carteles y camisetas de Eala. Incluso el juez de silla solicitó calma a los asistentes en varias oportunidades durante el partido.

















